Ponerse una prótesis de rodilla puede cambiar la calidad de vida cuando la articulación está muy dañada, pero también es una cirugía con riesgos que el paciente debe conocer. Hoy, además, sabemos que existen alternativas biológicas y técnicas mínimamente invasivas capaces de retrasar o incluso evitar esta cirugía en muchos casos. Esta filosofía es lo que llamo Antiprótesis: preservar primero, operar solo cuando realmente toca.
Qué dicen los estudios: riesgos más importantes
Las cifras reales de complicaciones varían según edad, salud general y tipo de prótesis, pero los grandes registros internacionales coinciden en estos rangos:
- Infección de la prótesis: alrededor del 1–2 %. Es la complicación más temida. Cuando ocurre, suele necesitar antibióticos prolongados y, en algunos casos, cirugías de limpieza o incluso recambio de la prótesis.
- Trombosis o embolia pulmonar: entre el 0,5 y el 1,5 % en los primeros 30 días a pesar de la medicación preventiva. La movilización precoz y la anticoagulación reducen el riesgo, pero nunca lo eliminan del todo.
- Dolor persistente después de la cirugía: entre un 10 y un 20 % de los pacientes sigue con dolor relevante a medio o largo plazo, aunque la prótesis esté bien colocada. Puede deberse a sensibilidad del sistema nervioso, tensión en tejidos blandos o problemas biomecánicos.
- Reintervenciones precoces: aproximadamente un 0,5–1 % necesita volver a quirófano en los primeros meses por complicaciones como infección, inestabilidad o mala alineación.
- Recambio de la prótesis con el tiempo: alrededor de un 5–8 % necesita una cirugía de revisión en los primeros 10 años. En pacientes jóvenes o muy activos, el desgaste suele aparecer antes.
- Otros riesgos menos frecuentes incluyen rigidez de la rodilla, pérdida de movilidad, problemas cardiológicos o pulmonares y, en raras ocasiones, lesiones nerviosas o vasculares.
Por qué no siempre hay que correr hacia una prótesis
El problema no es la prótesis en sí, sino colocarla demasiado pronto. Cada vez veo más pacientes jóvenes o activos que llegan a consulta pensando que es “la única solución”. Pero hoy sabemos que existen opciones que pueden retrasarla muchos años:
– Plasma rico en plaquetas intraarticular o intraóseo.
– Terapias celulares personalizadas.
– Procedimientos mínimamente invasivos para regenerar o estimular el hueso subcondral.
– Correcciones biomecánicas para descargar la articulación.
– Estrategias de salud articular para reducir inflamación y mejorar fuerza muscular.
Conclusión
La prótesis de rodilla es una herramienta magnífica cuando está bien indicada, pero tiene riesgos reales que conviene conocer. Con una buena valoración, muchas rodillas pueden mejorar o estabilizarse sin llegar al quirófano gracias a los tratamientos biológicos actuales.
Si te han dicho que “ya toca” operar, es importante revisar todas las opciones de preservación antes de dar el paso. Cada rodilla es distinta y la decisión debe ser completamente personalizada.
Si quieres una valoración sobre tu caso, puedes pedir cita conmigo en Blue Healthcare. Allí revisaremos tus síntomas, tus expectativas y todas las alternativas posibles antes de pensar en una prótesis.