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Tendinitis de Aquiles

Tendinitis de Aquiles

¿En qué consiste?

 

La tendinitis del tendón de Aquiles consiste en una inflamación transitoria del tendón. Si la tendinitis no se trata correctamente, esta puede cronificarse y producirse una degeneración del propio tendón convirtiéndose en una tendinopatía o tendinosis que puede dar lugar a un desgarro o incluso en el peor de los casos, a una rotura del tendón.

Las causas de la tendinitis pueden ser múltiples, aunque la más frecuente se produce por el uso excesivo, así como por el aumento de la actividad deportiva sin un buen calentamiento y entrenamiento.

Pero existen otras causas muy comunes:
• Compensaciones con el tobillo cuando existe dolor en el arco plantar. Un arco del pie demasiado alto también puede producir excesiva tensión en el tendón.
• El abuso de saltos como en el baloncesto o entrenamiento en pendientes que produce un estiramiento excesivo del tendón.
• Traumatismos directos sobre el tendón.
• Acortamiento del tríceps sural. El uso de tacones frecuente produce el acortamiento de la musculatura. Este motivo produce que las mujeres sean más propensas a sufrir este tipo de lesión..
• La presión continua sobre el tendón. Es el caso del calzado rígido como en el esquí.
• Pronación excesiva del tobillo y desviaciones axiales del tobillo provocando cambios en la tracción del tendón.
• Tendinitis provocada por una artritis. Esta ocurre en gente de mediana edad o anciana.
• Espolón calcáneo o enfermedad de Haglund puede producir la irritación del tendón por el roce.

El síntoma más característico es el dolor en el talón y/o a lo largo del tendón. Al principio suele aparecer dolor por las mañanas disminuyendo a lo largo del día con la actividad y pudiendo regresar después de la actividad física, pero con el tiempo el dolor puede ser persistente a lo largo del día.

En casos crónicos pueden aparecer inflamaciones o indicaciones del tendón claramente visibles y palpables. Y en casos más graves de rotura se produce dolor con imposibilidad para apoyar el pie y hematoma local.

Intervención

El diagnóstico se hace principalmente mediante una buena exploración física y para confirmar la presencia de bursitis, degeneración tendinosa o roturas asociadas se complementa con estudios de imagen por ecografía o resonancia magnética.

En fases iniciales la tendinitis se puede controlar con tratamiento médico, un cambio en los factores que lo provocan y un programa de rehabilitación específico. En ocasiones, los cuadros dolorosos prolongados en el tiempo y lesiones importantes en los que han fracasado las técnicas no invasivas, se requiere de tratamiento invasivo.

Cuando una tendinopatía es rebelde al tratamiento convencional se aconseja el tratamiento con infiltraciones ecoguiadas de manera ambulatoria. Es estos casos más rebeldes es imprescindible la realización de un estudio personalizado del caso a tratar, ya que pendiendo del tipo de patología se aconseja la infiltración con factores de crecimiento o células madre u otro tipo de producto así como la frecuencia de las mismas en la zona.

Postoperatorio

Las complicaciones con esta técnicas son mínimas y muy infrecuentes. No requiere de inmovilización tras su realización, pero sí de reposo relativo durante las primeras 24 horas. Aunque se recomienda complementar la recuperación con la realización de un programa de rehabilitación avanzada y fisioterapia personalizada para una recuperación óptima en el cual se limita la carrera e impacto en los primeros meses.

En casos más crónicos rebeldes al tratamiento (más de 6 meses) o casos de rotura, se requiere de cirugía por artroscopia o cirugía abierta mínimamente invasiva mediante cirugía ambulatoria sin ingreso. La recuperación en estos casos no es inmediata. Normalmente se requiere de un periodo de descarga de entre 6 semanas, tras el cual se inicia un programa de rehabilitación avanzada y personalizada durante 6-8 semanas más.

La carrera suave se podría reintroducir a partir de los 3 -4 meses aproximadamente, pero pueden pasar casi un año hasta que se puede entrenar al máximo nivel. Por este motivo siempre se recomienda el diagnostico y tratamiento en fases iniciales para evitar la cronificación del proceso.

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