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Rotura meniscal

Rotura meniscal

¿En qué consiste?

 

Los meniscos son fibrocartílagos que forman parte de la articulación de la rodilla. El menisco está diseñado para transmitir fuerzas sin que se produzcan daños en el cartílago articular y participan en la distribución de las cargas, la estabilidad articular, la absorción de impactos y la lubricación articular, aumentando la congruencia articular y protegiendo al cartílago.

Las lesiones meniscales y roturas de menisco se producen normalmente por un giro de la rodilla en posición de semiflexión con el pie en el suelo. Un tercio de las lesiones meniscales se relacionan con la actividad deportiva en pacientes fundamentalmente jóvenes. En pacientes mayores con meniscos degenerados son las actividades cotidianas los que los lesionan. La rotura meniscal produce dolor en la parte interno o externa de la rodilla al realizar giros e incluso el bloqueo articular.

El diagnóstico suele ser mediante la exploración clínica y pruebas radiológicas complementarias como la resonancia magnética.

Los meniscos tienen una enorme facilidad para lesionarse y muy poca para repararse ya que tienen una pobre vascularización por lo que dificulta su reparación, por lo que la única manera para su reparación es la cirugía artroscópica. Esta técnica está indicada cuando haya una clínica de dolor y siguiendo el criterio del médico.

Nuestro conocimiento de la estructura del menisco y a su función articular ha llevado a considerar en la actualidad una estructura vital para la conservación del cartílago articular y en consecuencia de la funcionalidad de la rodilla, su destrucción conllevará especialmente en los jóvenes la aparición de artrosis por menicectomia lo que debemos intentar impedir siempre que las características de las lesiones nos lo permitan.

En consecuencia siempre que hayamos de hacer una menicectomia esta debe ser lo más económica posible extirpando la menor cantidad de menisco. Así mismo siempre que las lesiones lo permitan y especialmente en pacientes jóvenes debemos de proceder a la sutura de las lesiones.

Intervención

La artroscopia de rodilla consiste en la visualización de la articulación de la rodilla través de 2  mini-incisiones de aprox 0,5 -1 cm por la cuales se introduce una cámara y aparatos para la reparación de los tejidos dañados.

Hoy en día la mayoría de patologías de la rodilla pueden ser tratadas por esta técnica permitiendo una recuperación mas rápida debido a la mínima lesión de los tejidos. El tiempo medio  aproximado de la intervención suele ser 60-90 minutos dependiendo de si se puede reparar o no el menisco. Aunque siempre se intenta reparar en pacientes con lesiones degenerativas se hace imposible y por lo tanto la resección meniscal ha de ser lo menor posible.

El procedimiento se suele realizar con anestesia local o regional en régimen ambulatorio hospitalario sin ingreso.

Postoperatorio

Tras la cirugía se deja un vendaje local para control de la inflamación y posible sangrado. Al paciente se le anima a realizar movilización activa y caminar con una muleta desde el primer día. Se aconseja retirar el vendaje a las 24-48 horas y aplicar hielo y analgésicos según dolor.

En caso de sutura meniscal se suele dejar si apoyar durante 3-4 semanas y se coloca una rodillera articulada con el objetivo de proteger la reparación para que sane.

Tras una artroscopia de rodilla siempre se aconseja la realización de un programa de rehabilitación avanzada y fisioterapia personalizada para una recuperación óptima. Los tiempos de esta recuperación depende del tipo de procedimiento realizado durante la artroscopia pudiendo variar desde 4-6 semanas si no hay sutura, hasta las 8-12 semanas si hay sutura.

Las complicaciones con una artroscopia de rodilla son mucho menores y poco habituales que con una cirugía abierta y los tiempos de recuperación también mejoran. Es por ello que siempre aconsejamos primero esta técnica quirúrgica.

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