Hoy queremos compartir el caso de Juana, una paciente con rizartrosis a la que realizamos un tratamiento con monocitos hace casi tres meses.
En su caso, el objetivo no era “volver atrás” ni corregir deformidades ya establecidas, sino algo mucho más realista y, a la vez, mucho más importante: reducir el dolor, mejorar la movilidad y recuperar gestos cotidianos que había perdido.
El punto de partida
Juana presentaba una rizartrosis avanzada, con deformidad visible en los dedos y una clara limitación funcional. Había movimientos que simplemente no podía hacer. El pulgar no apoyaba correctamente, algunos dedos no llegaban a la palma, existía inflamación persistente y las tareas finas de la mano se habían vuelto difíciles o imposibles.
Desde el inicio fue importante dejar algo muy claro: las deformidades estructurales, cuando se instauran, no siempre pueden revertirse. Por eso, cuanto antes se ataje el problema, mayores serán las opciones de frenar la progresión de la enfermedad y evitar deformidades severas que luego ya no pueden corregirse.
¿En qué consiste el tratamiento con monocitos?
Se trata de un tratamiento biológico realizado con la propia sangre del paciente. Es un procedimiento sin cirugía, con anestesia local y de carácter ambulatorio. La duración aproximada es de una hora. A partir de la sangre del propio paciente se obtiene el preparado biológico, que se infiltra directamente en la articulación afectada con el objetivo de modular la inflamación crónica y mejorar el entorno biológico de la articulación.
Recuperación y tiempos
Una de las principales ventajas de este tratamiento es su rápida recuperación. A las 24 o 48 horas, el paciente puede retomar su vida habitual, sin necesidad de ingreso ni reposos prolongados. Los resultados no son inmediatos, sino progresivos, y la mejoría suele comenzar a notarse a partir del mes o mes y medio.
Evolución a los tres meses
Tal y como ella misma explica, los cambios han sido graduales pero muy significativos. El pulgar que antes no apoyaba, ahora apoya. Dedos que no doblaban, ahora llegan a la palma. Ha recuperado movilidad en articulaciones que llevaba tiempo sin mover, la inflamación es claramente menor y el dolor ha disminuido de forma progresiva.
Como ella lo resume muy bien, las cosas pequeñas son las que importan. De repente no poder hacer un gesto y, un día, hacerlo sin darte cuenta.
Incluso en los dedos más dañados, donde sabíamos que la recuperación sería limitada, se ha conseguido menos inflamación y algo más de movilidad, lo que ya supone una mejora funcional importante.
El mensaje clave
La rizartrosis es una patología muy frecuente y progresiva. En fases iniciales, cuando aparecen los primeros síntomas, es el momento clave para actuar. Valorar tratamientos biológicos de forma precoz puede ayudar a controlar la inflamación, preservar la función de la articulación y evitar la aparición de deformidades importantes.
Cuando estas deformidades avanzan, las opciones se reducen y, en muchos casos, se acaba recurriendo a tratamientos quirúrgicos más agresivos. Por eso, el objetivo siempre es retrasarlos al máximo o, si es posible, evitarlos.
¿Tienes dolor en la base del pulgar?
Si notas dolor al escribir, abrir frascos o usar la mano en actividades cotidianas, una valoración especializada puede ayudarte a detectar el problema a tiempo y valorar si un tratamiento biológico puede ser una opción para ti. Solicita una consulta y valora tu caso de forma individualizada.