“Doctor, ¿me recomienda tomar colágeno para las articulaciones?” Es una pregunta que escucho muchísimo en consulta. Y es comprensible: colágeno en polvo, en cápsulas, hidrolizado, con magnesio, vitamina C… La oferta es enorme y muchas veces viene acompañada de mensajes que prometen cuidar, proteger o incluso “regenerar” nuestras articulaciones. Pero ¿qué hay de cierto en todo esto?
¿El colágeno funciona o es solo marketing?
Ni una cosa ni la otra. La evidencia científica disponible indica que determinados suplementos de colágeno pueden ayudar a mejorar el dolor y la función en algunas personas con artrosis, especialmente de rodilla. Por ejemplo, un metaanálisis publicado en 2024 en la revista Osteoarthritis and Cartilage analizó 35 ensayos clínicos aleatorizados con más de 3.000 pacientes. Los investigadores encontraron un efecto beneficioso pequeño-moderado sobre el dolor y una mejoría de la función en pacientes con artrosis.
Otro metaanálisis más reciente, centrado específicamente en artrosis de rodilla, reunió 11 ensayos clínicos y 870 pacientes y también encontró mejorías tanto en dolor como en función. Es decir: no podemos decir que el colágeno “no sirve para nada”. Pero tampoco podemos decir que regenere una articulación.
¿Tomar colágeno regenera el cartílago?
Aquí está probablemente la mayor confusión. Tomar colágeno no significa que ese colágeno vaya directamente a nuestra rodilla y reconstruya el cartílago que hemos perdido.
Los estudios anteriores hablan fundamentalmente de mejoría de síntomas como dolor y función. Eso es muy diferente a demostrar que se está regenerando el cartílago. Por eso, cuando un paciente me pregunta si puede tomarlo, no suelo tener inconveniente en considerarlo como un complemento, pero siempre explicando qué podemos esperar de él y qué no.
Entonces, ¿merece la pena tomarlo?
En determinadas personas puede tener sentido. Especialmente si entendemos que hablamos de un complemento dentro de una estrategia mucho más amplia de cuidado articular. Lo que no haría es depositar todas nuestras expectativas en un suplemento. Porque si realmente queremos cuidar nuestras articulaciones hay otros factores que probablemente tengan mucha más importancia: mantenernos activos, conservar una buena musculatura, controlar el peso y adaptar correctamente el ejercicio a nuestra edad y situación física.
Cuidar las articulaciones es mucho más que tomar suplementos
Hace unos días hablaba precisamente de esto en SPORT a propósito de la vuelta al deporte después del verano. Pasar de varias semanas de poca actividad directamente al pádel, al running o a entrenamientos intensos de gimnasio puede terminar provocando sobrecargas y lesiones. No porque el ejercicio sea malo. Todo lo contrario. El problema muchas veces es cómo volvemos a hacerlo.
La musculatura es uno de los grandes protectores naturales de nuestras articulaciones y recuperar progresivamente fuerza, movilidad y capacidad física probablemente tenga mucho más impacto sobre nuestra salud articular que obsesionarnos con encontrar el suplemento perfecto.
¿Y si ya tengo artrosis?
Entonces cambiaría la pregunta. Más que preguntarnos únicamente “¿qué puedo tomar?”, deberíamos preguntarnos “¿qué está ocurriendo en mi articulación y qué puedo hacer para conservarla?” Porque tener artrosis no significa necesariamente tener que acabar en una prótesis.
Dependiendo de la edad, el grado de afectación, los síntomas y las características de cada paciente, podemos trabajar sobre el peso, la musculatura y el ejercicio, utilizar tratamientos para controlar el dolor y valorar, cuando están indicadas, terapias biológicas o técnicas de preservación articular.
No existe un tratamiento único para todas las artrosis.
Entonces, doctor: ¿colágeno sí o no?
Mi respuesta sería: puede ser un complemento razonable y existe evidencia científica que apunta a una mejoría del dolor y la función en determinados pacientes. Pero no hace milagros, no podemos afirmar que regenere por sí solo el cartílago y nunca debería sustituir lo verdaderamente importante.
Moverse. Mantener fuerza. Controlar el peso. Entrenar de manera progresiva. Y, cuando aparece un dolor que persiste, intentar averiguar qué está pasando antes de que el problema avance. Porque preservar una articulación no empieza cuando necesitamos sustituirla.
Empieza mucho antes. Menos sustituir. Más preservar.
